Creó un negocio millonario de sándwiches con solo 10 dólares

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Esta historia va de emprendimiento y superación. Se trata de Matías Leiva, un chileno que logró crear “La Insolencia”, un negocio millonario de sándwiches con solo 10 dólares.

Como toda buena historia, su inicio no fue fácil. En 2015 este hombre en Santiago de Chile, a sus 33 años, se encontraba legalmente en quiebra. Tenía una deuda de casi 12 mil dólares en su haber, con poco dinero en el bolsillo y sin nada para comer.

Debido a sus pocos ingresos y mal manejos de las finanzas, se vio obligado a buscar sustento diario en diferentes empleos. Después de recibir el pago por su trabajo en una empresa de comercio exterior y de cancelar parte de las cuotas de lo que debía,  lo primero que se le ocurrió fue ir al supermercado y comprar algunos ingredientes para hacer emparedados y venderlos. Esto con solo 10 dólares.

12 fueron los sándwiches de queso y jamón que elaboró para venderlos en la calle. Con todos los nervios y vergüenza que podría sentir lo hizo a la mañana siguiente de la adquisición. Para su buena suerte, los vendió todos antes de las 9 de la mañana, hora en la que entraba a trabajar.

Cuando finalizó la jornada laboral del día, repitió la rutina del día anterior. Esta vez fueron 18 unidades que vendió junto a su mejor amigo.

En poco tiempo tanteó el mercado y elaboró un plan. Lo primero fue elaborar un menú. De ahí surgió la cantidad de 20 unidades diarias que terminó vendiéndose a las pocas horas. La fórmula se repitió todos los días hasta que incrementó la cuota a 50 diarias.

En tres meses le había ido tan bien que tuvieron que contratar a su primer ayudante. Ahí comenzaron los cambios.

Lo primero fue denominar al negocio “La Insolencia” porque “hay que ser insolentes ante la vida, actuar sin pena ni miedo, para poder encontrar la felicidad y disfrutar día a día”, llegó a decir en un medio.

También decidieron destacar de la competencia y comenzaron con sus ropas. Añadieron un delantal y gorro de color rojo para diferenciarse. Los emparedados además se mostrarían en un canasto de madera y el trato a los clientes se estandarizaría con respeto.

En ese momento decidieron enfocarse en un nicho en específico: los transeúntes del centro de la capital chilena porque tenían algo en particular: iban con prisa, necesitan algo para desayunar que fuera saludable y a un costo razonable.  En un horario mañanero para quitarle los clientes a los locales que abren a las 10 de la mañana.

En el aspecto administrativo hubo reajustes. Ya no eran tres los que se sumaban al negocio sino más de treinta. Leiva adoptó la filosofía de ayudar a personas en situaciones económicas difíciles para unirse a la empresa. Para entonces ya no solo repartían en la calle sino que realizaban labores de gestión de calidad y gestión de ventas. Incluso llegó a contar con establecimiento para preparar el producto y oficinas para planificar la estrategia de ventas.

El método de elaboración también tuvo su metamorfosis que repercutió en las ventas. A las 5 de la mañana preparaban los sándwiches gourmet con ingredientes frescos, se comercializaban una hora más tarde y en una hora más, ya todos estaban vendidos.

En 2017, dos años después de comenzar con este negocio, vendía más de 3 mil emparedados diarios, el emprendimiento tenía 30 empleados y facturaba cerca de 100 mil dólares mensuales.

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Con la atención y publicidad que recibió, se metió en problemas. La municipalidad no le otorgó un permiso especial para vendedores ambulantes y por no contar con local físico comenzó la persecución hacia sus empleados. Las multas superaron las ganancias y a base de infracciones, la empresa quebró.

Hoy Leiva se dedica a dar charlas motivacionales y asegura que está planeando abrir su próximo negocio de comida.